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CONFLICTOS Y EMPODERAMIENTO PACÍFICO EN LA MIGRACIÓN INDOCUMENTADA

 

Eduardo Andrés Sandoval Forero (México)

Dr. en Sociología, investigador de la Universidad Autónoma del Estado de México, CIEAP. Líder del Cuerpo Académico en Migración interna e internacional. forerosandoval@gmail.com

Sumario

I.    Presentación
II.   Los grandes conflictos de la migración
III.  Discriminación y exclusión de los migrantes
IV.  Derechos del migrante
V.   Empoderamiento pacífico de los migrantes
VI.  Para concluir
VII. Referencias bibliográficas

Resumen

La ponencia trata sobre los conflictos y la vulnerabilidad de los derechos humanos que afrontan los migrantes internacionales indocumentados. Se argumenta la necesidad de empoderar pacíficamente a los migrantes a partir de los derechos humanos y el respeto al otro, lo cual implica rechazar el racismo, la discriminación, la intolerancia y la xenofobia.

I. Presentación

Una característica de la actual tendencia migratoria es el desplazamiento de grandes contingentes de población de países empobrecidos o en desarrollo hacia otros más desarrollados, lo cual refleja también las condiciones y relaciones del proceso de globalización económica que liberó el mercado, el capital, la política, pero no la fuerza de trabajo disponible para el capital ni tampoco permite el desplazamiento libre de la gente en sus lugares de origen.

Nos encontramos con una globalización capitalista que de manera colateral impulsa la migración transnacional, haciendo que las cantidades de mano de obra sobrante en otras regiones del mundo se utilicé donde el capital la necesita, sin importar los mecanismos de traslado de los migrantes, ni tampoco las violaciones a los derechos humanos que en forma recurrente se realizan con esta población vulnerable y deportable.

Los gobiernos de los países desarrollados han elaborado y aplicado un sin número de leyes antimigratorias ¾y restrictivas de diversa naturaleza¾, en especial contra la fuerza de trabajo de calificación baja; pues en ciertos casos son flexibles con algunos trabajadores migrantes calificados o con experiencia en tecnología avanzada.

Una de las expresiones de las políticas antimigratorias es la identificación de los migrantes como elementos “ilegales”, “perturbadores” y “subversivos” del orden estructural de los países receptores. Se les niegan derechos elementales como seres humanos y derechos básicos como trabajadores; se les persigue, encarcela, deporta y en no pocos casos desaparecen o son eliminados físicamente.

Esta construcción negativa de la migración no es sólo de los gobiernos de los países receptores; en muchas ocasiones lo es también de parte de su sociedad, la cual mantiene en su imaginario colectivo la intromisión y alteración por parte de los inmigrantes de su homogeneidad étnica, religiosa y cultural. Por supuesto que no es una actitud pública y uniforme de toda la sociedad, pero sí de amplios sectores que han desarrollado actitudes intolerantes, racistas, xenofóbicas, que consideran a los inmigrantes elementos de competencia desleal, con otras costumbres, otras religiones, otras etnias y otras culturas.

Estas migraciones en tiempos de la globalización económica presentan múltiples relaciones y complejidades que en muchos casos configuran interrelaciones sociales y culturales de carácter colaborativo y pacífico, mientras que en otras circunstancias, como en el caso de la migración indocumentada, pueden generar relaciones interculturales desiguales, marcadas por el pleno desconocimiento y desprecio hacia la cultura de los inmigrantes, afectando negativamente la calidad de vida de las personas.

Veamos una parte de la complejidad de los problemas y conflictos que la migración indocumentada afronta en su cotidianeidad, la cual adopto matices bastante crudos: dureza, riesgos, posible devolución y vuelta a empezarlo todo de nuevo en condiciones dramáticas y desgraciadas como ocurre en muchos casos al intentar cruzar desiertos o el mar a través de improvisadas barcas demasiado flojas y obsoletas que carecen de las más elementales medidas de seguridad.

II. Los grandes conflictos de la migración

En la historia de los movimientos migratorios se registran conflictos de los nuevos trabajadores, nuevos refugiados y nuevos pobladores con los gobiernos de los países receptores, autoridades o población civil. Esos conflictos pueden ser de orden jurídico, étnico, social, de clase, político, religioso, racial, cultural o laboral. Los inmigrantes indocumentados, ya sea que se encuentren en países del norte o del mismo sur, se enfrentan con diversos problemas y conflictos que tienen que ver con la dimensión jurídico-política, con la violación de sus derechos humanos, con el irrespeto a los derechos de los trabajadores, con el menosprecio a los derechos de los migrantes y sus familiares, con la violación de sus derechos políticos, y con la no aceptación y reconocimiento de sus culturas.

Estos flujos migratorios también se inscriben dentro del contexto de los grandes avances científicos y tecnológicos, particularmente en el de las Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación (NTIC) que de manera importante y sin precedentes para la humanidad, ha inducido la globalización de los mercados y las economías. Para los migrantes también las NTIC han sido importantísimas para la comunicación y resolución noviolenta de problemas y conflictos con sus familiares, amigos, vecinos y comunidad.

Las relaciones interculturales desiguales de dominación y exclusión, permean a los migrantes indocumentados en sus desplazamientos y en los países receptores, donde además de la fragilidad económica, sufren en la mayoría de los casos la xenofobia, exclusión, racismo, expresado en el rechazo al otro, al inmigrante, al otro cultural que altera la dominancia y hegemonía de culturas de los países de llegada.

Estas relaciones entre las culturas de los inmigrantes y las de la sociedad receptora, genera conflictos diversos que en muchos casos son atendidos mediante la coerción, la confrontación, la represión y las violencias. La lista de las violaciones y atropellos a los derechos humanos de los migrantes no documentados o irregulares, es tan grande como los mismos flujos internacionales, y van desde la cacería humana, el desprecio a las personas, maltratos de la autoridad, tortura física y psicológica, desaparición, tratos crueles y degradantes, detención y hasta la violación al derecho a la vida.

III. Discriminación y exclusión de los migrantes

La vulnerabilidad de los derechos humanos de los migrantes se inicia en el contexto de sus vivencias que tienen en sus países de origen, motivada por la violencia estructural de la pobreza, el desempleo, los pésimos salarios, las violencias físicas, inseguridad, desastres naturales y un sinnúmero de situaciones que le auguran junto con su familia un dramático porvenir, viéndose obligado a emigrar en busca de condiciones humanas menos penosas. “En el momento en que en un país la gente opte por marchar de él es un problema de derechos humanos cuya responsabilidad última recae en los países que atraen porque son económicamente superiores y están organizados alrededor de valores democráticos y liberales que ellos no tienen” (Zapata, 2004: 96).

El inmigrante indocumentado o en situación irregular suele enfrentar de diversas maneras las violaciones a los derechos humanos, a pesar de ser declarados universales, absolutos e inalienables por parte de los Estados receptores. Ello se expresa en: actitudes racistas y xenofóbicas de algunos sectores de la sociedad receptora; discriminación laboral manifestada en empleos de escaso nivel técnico, con bajos salarios y sin garantías sindicales y jurídicas; discriminación social que impide la integración con los nacionales; discriminación cultural que evita la relación intercultural y las manifestaciones culturales propias de los inmigrantes; creación de estereotipos denigrantes a ciertas nacionalidades; discriminación a inmigrantes indígenas; abuso por parte de las autoridades policíacas y migratorias; negación de diversos servicios públicos; falta de asistencia social; impedimento de inclusión en los sistemas educativos; inasistencia médica; detenciones arbitrarias, maltratos físicos, psicológicos y deportaciones indiscriminadas.

Carlota Solé (1995) explica que la discriminación laboral procede de dos focos principales: por un lado, la normativa legal, que determina los contingentes anuales de permisos y los sectores laborales para lo que se admite mano de obra: servicio doméstico, agricultura y construcción especialmente. Esto condena a los inmigrantes a las actividades cuyas condiciones laborales son más precarias. El segundo elemento de discriminación viene propiciado por las prácticas de los empresarios nacionales, quienes imponen a los inmigrantes extensas jornadas de trabajo que no aceptaría un nacional, la falta de contrato, la realización de horas extras no remuneradas, la no paga de horas extras ni vacaciones, los bajos salarios, etcétera.

En general, los inmigrantes indocumentados laboran en la agricultura, servicio doméstico, hostelería, construcción y comercio al por menor, devengando salarios bajos y socialmente menos reconocidos por ser rechazados por los nacionales y aceptados por los inmigrantes en condiciones vergonzosas. La competencia con la mano de obra autóctona es escasa, ya que los inmigrantes no desplazan, sino que llegan a sectores y zonas donde hacen falta trabajadores, y normalmente el empresario opta por el “extranjero”, por su bajo coste y por su reducida capacidad reivindicativa (Martínez, 1997); es decir, se constituye en mano de obra barata, flexible y sin derechos.

Otra situación preocupante de violación de derechos humanos en la migración es el tráfico de niñas y mujeres adultas para el mercado matrimonial y laboral, así como para la prostitución. Esta condición lacerante para la humanidad se agrava con la calificación de inmigrantes ilegales, que las hace víctimas en su integridad física y psicológica, así como extremadamente vulnerables para la prisión y la repatriación.

Todas estas realidades de menosprecio, discriminación y exclusión hacen del inmigrante un ciudadano de segunda categoría que afecta su condición de sujeto de derecho con menosprecio cultural, produciendo una serie de barreras o limitaciones al ejercicio de sus derechos fundamentales, ya sea amparada por normas contrarias a los derechos humanos e incluso por el sector privado que actúa aprovechando esta situación de manera consciente, u obligado por la legislación de aquellos países que sancionan a los empleadores de inmigrantes indocumentados, donde el Estado pretende detener los movimientos migratorios valiéndose del uso inadecuado del derecho y de la manipulación de su sociedad que percibe en lo ajeno una amenaza y no una oportunidad de desarrollo.

IV. Derechos del migrante

La protección y defensa de los derechos de los migrantes tiene como marco referencial la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por la Asamblea General de la ONU el 10 de diciembre de 1948. Desde entonces la legislación internacional ha estado prevista de convenciones, protocolos, declaraciones, pactos, convenios y tratados de gran significancia para los derechos humanos de los inmigrantes regulares e indocumentados. Cinco instrumentos básicos consagran la protección a los migrantes, inspirados a partir de los convenios de la Organización Internacional del Trabajo: Derechos Humanos, Derechos de los Trabajadores Migrantes, Derecho Humanitario Internacional, Derecho de Extranjeros y Derechos Humanos Fundamentales de los Trabajadores Migrantes. Otros instrumentos de importancia son los elaborados y signados en ámbitos regionales por los gobiernos de los países de América Latina, África y Europa.

Es en este campo donde la Convención sobre los estatutos de los refugiados, Convención contra la Tortura, Convenio Europeo de Derechos Humanos debe ser entendida como aplicación universal y naturaleza obligatoria para todos los Estados. Asimismo, debe prestarse atención especial y prioritaria a los migrantes en situación irregular en especial mujeres y niños, debido a la vulnerabilidad de los migrantes frente a los abusos contra los derechos humanos, poniendo en marcha políticas y planes de acción destinadas a prevenir los abusos, y que de igual manera atienda, como plantea Amnistía Internacional, la situación de “invisibilidad administrativa” de las personas migrantes en situación irregular.

La mayor consideración en el ámbito internacional para lograr la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y sus familiares, que contiene normas fundamentales de aplicación universal, la podemos observar en la Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de Todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares, (adoptada por la Organización de Naciones Unidas en 1990), ratificada por 22 Estados para funcionar a partir del 1 de julio de 2003. La entrada en vigor de la Convención presupone que sus preceptos son ley para los Estados que la signaron. México fue el primer país americano, y el primer receptor y expulsor de migrantes que la ratificó, aportando con su ejemplo al fortalecimiento de los derechos humanos en el contexto internacional y nacional, mediante la reivindicación de la dignidad de los migrantes en sus diferentes modalidades de llegada, tránsito, permanencia y salida.

En el contenido de la Convención es importantes destacar lo relacionado con la vigencia de los derechos políticos de los migrantes aun cuando habiten en otro país, particularmente el derecho a votar y ser votado en elecciones de su país de origen. Se trata de reivindicar derechos políticos mínimos, declarados en el país de origen, y con la potencialidad de ejercerlos desde otro país, sin importar su condición migratoria. En otras palabras, dejar de ser objetos de políticas binacionales, multilaterales y nacionales sin derecho a participar, siendo aceptados y reconocidos como actores sociales con derechos políticos. Los migrantes documentados, sin documentos, los no ciudadanos, dejaron de ser castigados por los gobiernos de sus propios países que les negaba otro derecho: el derecho político de todo ciudadano.

Todos los instrumentos tienen como base los derechos humanos con valores intrínsecos e instrumentales necesarios para la libertad y la dignidad, definidos con sus respectivos derechos y deberes de los migrantes. Además de estos instrumentos, abundan los discursos, las declaraciones, los acuerdos y los tratados que defienden los derechos humanos, la igualdad, la tolerancia y la integración de los inmigrantes. Junto con ello, los países del primer mundo, los que atraen poblaciones del subdesarrollo, fortalecen sus fronteras e implementan mecanismos de seguridad y control que impiden la libre circulación de personas del exterior, por considerarlos un problema de seguridad nacional.

Sin embargo, lo que aparece como una contradicción antagónica en el fenómeno de la inmigración no lo es en el fondo, toda vez que la soberanía de los Estados democráticos para autorregularse y ser independientes lleva implícita en sus constituciones la consagración de los derechos humanos, garantizando su soberanía y el respeto a la integridad física y moral de cualquier ciudadano del mundo. Este orden impuesto en el marco de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, le impone a los Estados la necesidad de priorizar el respeto a los Derechos Humanos sobre otros, ello está plasmado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos cuando establece: “Artículo 3: Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona. Artículo 5: Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”.

V. Empoderamiento pacífico de los migrantes

La violencia estructural de un país no se resuelve con la expulsión de su población apta para laborar, ni tampoco con remesas, sino con políticas y acciones de desarrollo nacional y regional que garanticen los derechos de ciudadanía y los derechos humanos en la realidad, más allá de lo consignado en las constituciones, en los instrumentos internacionales, y en las retóricas de los partidos, los políticos y los gobiernos.

Pero mientras llegamos a tal situación, la mejor manera de afrontar los conflictos de la migración, que en muchos casos trasciende y es tratado por medios violentos, es mediante el empoderamiento pacífico de los migrantes, es decir del conocimiento y control de recursos legales básicos de los derechos de los migrantes establecidos en la jurisprudencia internacional y en los instrumentos internacionales, regionales y nacionales relacionados con esos derechos.

En el empoderamiento pacífico también juega un papel importante la comunicación, por ello es importante crear: Cátedras sobre migración; observatorios de migración; Foros para la defensa de los derechos de los migrantes; cartillas, revistas, videos y CD multimedia sobre los derechos de los migrantes. 

VI. Para concluir

Diversos son los instrumentos internacionales y nacionales que han sido elaborados para la promoción y defensa de los derechos de los migrantes, basados en los contenidos de los derechos humanos. Resulta prometedora la Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de Todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares, ratificada por 22 Estados y entrando en vigor a partir del 1 de julio de 2003, como herramienta que posee la sociedad para defender los derechos humanos de los trabajadores migratorios. Conseguir la ratificación por Estados más representativos para un mejor impacto en la situación de los migrantes, es una tarea emergente de los países emisores de población.

La vulnerabilidad en general de los migrantes, pero principalmente de los indocumentados, obliga a generar políticas y mecanismos cada vez más centradas en la ligazón entre derechos humanos y migración, las cuales deben ser complementadas con el empoderamiento a los migrantes en el camino de los derechos establecidos por la comunidad internacional, y hacer de la migración no un problema, sino una oportunidad de desarrollo, de relación intercultural, de tolerancia y de convivencia en la diferencia a partir del respeto a los derechos humanos. 


VII. Referencias bibliográficas

Carbonell, F. (1995), Inmigración: diversidad cultural, desigualdad social y educación, Madrid: Ministerio de Educación y Ciencia.

Checa, Juan Carlos y Ángeles Arjona (2000), “Los Estudios sobre Migraciones en España. Una aproximación”, en Francisco Checa y Encarna Soriano (eds.), Inmigrantes entre nosotros. Trabajo, cultura y educación intercultural, Barcelona, 33, pp. 33-64.

IIDH, “Conferencia Mundial contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y otras formas conexas de intolerancia”, San José, Costa Rica, IIDH, 2001.

Marmota, Lelio (2004), “Derechos Humanos y políticas migratorias”, en http://www.celam.org/sepmov/derechos_humanos_migraciones.htm

Martine, George et al. (2000), Aspectos sociales de la migración internacional: consideraciones preliminares, México: UNFPA para América Latina y el Caribe.

Martínez, U. (1997), La integración social de los inmigrantes extranjeros en España, Madrid: Trotta.

Passola, J. (2004), “La respuesta a la exclusión social de los inmigrantes irregulares en España”, en Movimientos de población – Migraciones y Acción Humanitaria, Barcelona: Icaria.

Sánchez, R., Apuntes para una reflexión: el “otro” inmigrante, en http://www.ucm.es/info/nomadas/8/rsgarrido.htm, (10-06-05).

Sandoval Forero, Eduardo Andrés (1993), Migración e identidad. Experiencias del exilio, México: UAEM.

Sandoval Forero, Eduardo Andrés, Rosa Patricia Román Reyes y Renato Salas Alfaro (2013), Familia y migración, México: Ediciones Miguel Ángel Porrúa y UAEM.

Solé, C. (2002), “Impacto de la inmigración en la sociedad receptora: Políticas de integración en la Unión Europea”, en Aspectos claves de la inmigración, Valencia: Ecotres.

Zapata-Barrero, Ricard (2004), Multiculturalidad e inmigración, Madrid: Editorial Síntesis.

2 comments to “CONFLICTOS Y EMPODERAMIENTO PACÍFICO EN LA MIGRACIÓN INDOCUMENTADA”

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  1. Elena Cristina Lopez says: 14 mayo, 2015 at 10:50 pm

    Quiero destacar que acá el autor de este trabajo los llama migrantes internacionales indocumentados, que desde mi punto de vista no estaría mal denominarlos así, puesto que se los estaría estigmatizando. Con respecto al tema me parece muy loable la tarea de la Convención internacional sobre la Protección de los derechos de Todos los Trabajadores Migratorios y sus familias ratificado por 22 estados.
    Muy interesante la parte que habla de que los conflictos de migración que a veces son tratados en forma violenta se deben afrontar con el empoderamiento pacífico o sea el conocimento de los derechos de los migrantes. Interesante el tema que expone Eduardo A.Sandoval Forero habiendo tenido la oportunidad de aprender algo nuevo, como empoderamiento pacifico.

     
  2. Eduardo Andres Sandoval Forero says: 15 mayo, 2015 at 9:49 pm

    Gracias Elena Cristina por tu comentario.
    La categoría de “indocumentados” se discute mucho entre los estudiosos de las migraciones.
    Yo viví seis años en calidad de “indocumentado” en Estados Unidos y junto con muchos compañeros que estaban en las mismas condiciones, nos afecta demasiado en lo psicológico y en la vida cotidiana, que nos dijeran que eramos “ilegales”, o “clandestinos”. Estas dos categorías nos hacia pensar y sentir que estabamos fuera de la ley, que eramos infractores de la ley, eramos como dicen los gringos, “criminales”.
    Nuestro mayor deseo personal y grupal, era por estar “documentados”, por tener documentos que nos permitiera vivir sin la persecución de la policía migratoria.
    Nos sentíamos muy bien cuando nos decían, o cuando nosotros declarabamos, que eramos “indocumentados”, que aún todavía no teníamos documentos. Siempre tuvimos la esperanza de tener algún día documentos de permanencia en el país receptor. Saludos, Eduardo.