e-MARC 2015, TRABAJOS DESTACADOS

DE LA VIOLENCIA AL DIÁLOGO, DEL DIÁLOGO AL CONFLICTO. OTRO MODO DE ALCANZAR LA PAZ

Liliana María Carbajal
 

Liliana María Carbajal (CABA, Argentina)

 Arquitecta (Universidad de Buenos Aires), Postgrado: “Gestión del territorio: Urbanismo, infraestructuras y medio ambiente” (Universitat Oberta de Catalunya – director Jordi Borja). Especialista en Mediación y Gestión de Conflictos Sociales Urbanos Territoriales.  Autora de artículos de su especialidad y co-aautora del libro: “Mediación Comunitaria. Conflictos en el Escenario Social Urbano”. Se ha desempeñado como Coordinadora del Área de Mediación, Sociedad Central de Arquitectos (2008-2012). Desde el año 2013, desarrolla su actividad alrededor de problemáticas sociales urbanas en la Defensoría del Pueblo CABA y como integrante de equipo de investigación Proyecto UBACyT (2014-2017). 

Resumen

La violencia radical y persistente en la historia de la humanidad -se señala-, interpela el saber y el hacer de un campo cuyo propósito irrenunciable es el de contribuir a la construcción de esa fórmula polisémica que llamamos Paz. El trabajo se propone, entonces, recorrer o desestabilizar algunos términos que, “por su uso cotidiano, se presentan como explicación de aquello que debe ser explicado” (O. Pisani). Apelando, a modo de metáfora, a la expresión de Gianni Váttimo, del diálogo al conflicto, invita a pensar juntos “respuestas honestas para preguntas honestas”.

Algunas consideraciones iniciales

Por muy desolador que parezca, el relato de nuestra especie ha sido escrito con puntuación de violencia. […] .Pocos son los episodios de concordia entre todos los seres humanos. En el vasto inventario de vivencias humanas, rara vez nos hemos permitido una oportunidad para la paz duradera” (Oscar Arias Sánchez)

Las palabras de Oscar Arias Sánchez[1], interpelan el saber y el hacer en el campo de Gestión de Conflictos y nos convocan a aunar esfuerzos en el trabajo de construcción de escenarios pacíficos, con base en el diálogo, el respeto y el compromiso con el Otro.

Un recorrido por distintas experiencias en la región, permite observar un conjunto de prácticas, programas o procesos desarrollados en escenarios múltiples, cambiantes, potentes, pedagógicos. Desde allí, puede iniciarse una reflexión crítica, alrededor de las luces y sombras de estas iniciativas, con el propósito irrenunciable de contribuir a la construcción de esa fórmula polisémica que llamamos Paz.

En las últimas décadas, se han configurado escenarios de violencia radical,  generalizada o específica: Ruanda, Afganistán, Franja de Gaza, Irak, Irán, Indonesia, Siria, Ucrania, Colombia, México, Ayotzinapa, Ceuta-Melilla, Lampedusa; que hacen difícil ser optimistas en cuanto a Alcanzar la Paz o, más aún, con el género humano. Otras situaciones o acontecimientos revelan un malestar profundo de las sociedades y las dificultades para una convivencia basada en la justicia social y el pluralismo: España, Grecia, Chile,  Brasil…

Una expresión por demás significativa tuvo lugar en las manifestaciones de los indignados en España, y luego se replicó en otras manifestaciones sociales: se va a acabar, se va a acabar, se va a acabar la PAZ social… Desde luego, los indignados no eran los que más sufrían o padecían una realidad compleja como la que se configuraba en Europa hace unos años. Sin embargo, aquellas manifestaciones, y esa expresión del malestar, podían resultar una buena señal en cuanto a la necesidad de explorar en la crucial combinación entre factores estructurales y nuevas circunstancias sociales, políticas, culturales, urbanas, propias de nuestro tiempo.

En este marco, es oportuna la pregunta ¿de qué hablamos cuando hablamos de Paz los Mediadores u operadores de conflictos? Luego, es preciso reflexionar juntos, debatir y profundizar en las temáticas asociadas o que atraviesan los escenarios de violencia social urbana territorial, en sus distintos estadios, y delinear procesos a la altura de las circunstancias. Esto es, encontrar respuestas honestas a preguntas honestas…

Nos – Otros

En la región de  Latinoamérica y el Caribe,[2] se presenta una configuración social urbana territorial, caracterizada por la desigualdad, fragmentación, desarticulación, segregación o autosegregación, exclusión, social y espacial. Algún análisis señala que 222 millones de personas subsisten en América Latina en condiciones de extrema pobreza (96 millones viven en la indigencia).[3] En este escenario hay sujetos o grupos sociales, violentados material o simbólicamente, se encuentran en situación de desplazamiento forzado por la miseria, la violencia, los desarrollos productivos o inmobiliarios en clave del “capitalismo por desposesión” (David Harvey);  para quienes su alternativa puede ser la migración, con la expectativa de una vida mejor o simplemente una vida

El caso más extremo, como señala John Berger, “seres humanos que [ya] nacen siendo refugiados y mueren refugiados…” Su única imagen del mundo -dice- son los toldos, carpas o tiendas de la ayuda humanitaria… “Son una clase de desecho humano, al amparo de la ONU y de organizaciones humanitarias, pero humanitarismo no significa solidaridad humana, sino mantener a esta gente en su sitio,  fuera de juego, no los incorporan al orden social”[4].

En otros casos, hombres, mujeres y niños llegan a algún país arriesgando sus vidas, cientos o miles han muerto en las aguas del Mediterráneo. En nuestra región, entre otras circunstancias, se observa el tren conocido como “la bestia”, al que intentan subir miles de seres humanos. Viajan en los techos del tren de carga, muchos caen cuando los vence el sueño, mueren o son mutilados por el mismo tren, y su fin de viaje es un “hogar de rehabilitación” hasta que puedan regresar a su lugar de origen, con la evidencia física de su derrota, y su moral desgarrada…  Otros no regresan, quedan en una suerte de limbo, en ese lugar incierto, solo como mínima preservación de su dignidad… Prefieren que sus familias piensen en su abandono, a retornar con la marca del fracaso.

En contextos menos dramáticos, los inmigrantes sufren la discriminación desde  viejos y nuevos prejuicios. Buenos Aires, una ciudad históricamente cosmopolita, a principios del siglo XX se conformaba con un 80% de trabajadores que eran extranjeros/inmigrantes. Luego, procesos de migración interna produjeron una nueva figura objeto de discriminación, el “cabecita negra”. Algún estudio señala que hoy “el 56% de la población argentina posee rastros genéticos indígenas, pero no lo aceptamos o no lo asumimos, nadie quiere estar del lado de los perdedores…”  El documental argentino: Nos Otros, nos ofrece estas claves de lectura, y expone el discurso discriminador desde los tiempos de la conquista hasta hoy en nuestro país. Aquí se muestra, cómo las grandes figuras de nuestra historia, los referentes actuales y la gente común siguen articulando elementos discriminadores. Un discurso que va encontrando nuevos “enemigos” a quienes señalar, nuevas minorías a quienes “segregar”. [5] Nos Otros nos muestra cómo la gente hace propio ese discurso: “hasta cuándo vamos a seguir protegiendo a los inmigrantes, dándoles hospitales, escuela, comida, viviendas, hasta cuándo?”, dice un protagonista ocasional…

Se trata entonces de un proceso de globalización asimétrica, flujos de mercancías y de consumo, a la vez que se encarga de dejar gente afuera: gente fuera de lugar, gente que no encaja, de excluirlos en guetos urbanos, en áreas degradadas, o que los convierten en población penal. En todos los casos, la figura del “inmigrante indocumentado”, además de una nominación habitualmente mal aplicada[6], suele operar como  dispositivo exclusor o discriminador  y puede ser un paso a la xenofobia.

Violencias, diálogo, conflicto…

En estas condiciones, la Paz no es posible, es una tregua provisional de la violencia, o se sostiene sobre una diversidad de injusticias sociales y espaciales. Dicho de otro modo, la Paz sólo puede realizarse en determinadas circunstancias políticas, sociales, espaciales, culturales, y  procesos complejos de larga duración.

Se trata así, de problematizar la idea de Paz, desde nuestras claves ideológicas, conceptuales y metodológicas, revisar qué idea de paz promovemos y -desde allí- delinear procesos orientados a la construcción de un mundo más humano que, al decir de John Berger, no sabemos si es posible, pero sí que es necesario…

Dos líneas de reflexión que he intentado, o sobre las que he vuelto una vez más, a  propósito de una invitación/intervención en la “3ra Cumbre Nacional por la Paz realizada en la ciudad de Cali (2014) [7], se resumen en una idea de un grupo de autores que reflexionan alrededor de procesos a partir de crímenes de lesa humanidad: “después del MAL”; la otra, una idea o fórmula habitual en el discurso del campo de Gestión Pacífica de Conflictos, llamada “post conflicto”

Ambas reflexiones aluden a escenarios de violencia radical-extrema, como la que transita Colombia y que ellos sintetizan con un dato por lo menos impactante: 50 años de violencia, 500 Mil muertos. La Cumbre se realizó al tiempo que se desarrollaba – aún se desarrolla- el proceso para un eventual Acuerdo de Paz entre el gobierno nacional y las FARC. Las FARC, saludaron con beneplácito la Cumbre, en los medios de comunicación y en un contacto e intercambio con el propio espacio-tiempo de la misma. El encuentro reunió académicos de distintas disciplinas y culminó con una “Declaración Política de la Tercera Cumbre por la Paz. Una mirada a la postguerra”.[8]

“Después del MAL”, se trata de cierta perspectiva que intenta poner en debate algunas fórmulas ensayadas, reflexiones a partir de preguntas y aproximaciones, que plantean los autores de un libro, más o menos reciente, a partir de dos experiencias contrastantes: Argentina y Sudáfrica[9], las cuales pueden resumirse o representarse con la idea general de  Verdad-Justicia-Perdón (Sudáfrica) // Juicio y Castigo a los Culpables y un canto distintivo de las marchas/manifestaciones por los derechos humanos: olé olé olé – olé olé olá, a donde vayan los iremos a buscar!!![10] (Argentina).

¿Qué reparación para lo humano lesionado, qué reconocimiento de lo humano en lo inhumano y qué porvenir para la humanidad en nuestras comunidades?; ¿cómo asumir una nueva definición del vivir-en-común, de la condición ciudadana, en que (por obra de la ley común: de perdón, de castigo, de reconciliación) los agentes del Mal habrán, ahora, de vivir junto a sus víctimas, a sus hijos y los hijos de sus  víctimas?” Luego: “¿Cómo puede una comunidad política rehacerse como tal, o  hacerse tal, tras el daño? ¿Se puede castigar, se puede juzgar, se  puede perdonar el Mal?” [11]

Preguntas distintas que seguramente tendrán respuestas distintas, pero la asunción común de estar tratando un problema tan grave y doloroso como inconcluso. Dicho de otro modo, la asunción común del hecho de que, habiendo sido tan grande el daño, el paso  del tiempo no puede convertirlo en pasado… Se trata entonces, -dice el prólogo del libro- de desarmar certezas, remover cristalizaciones compactas, trabajar puntos ciegos y generar nuevas preguntas… teniendo siempre en cuenta que eso que a los ojos de una comunidad puede aparecer como la solución más justa, más ética, más democrática, el problema del Mal, puede aparecer, desde otra mirada, para otra comunidad, como una opción inadecuada o inaceptable en términos de justicia, de ética, ni la más acorde con la voluntad democrática.[12] Esto no hace mejor ni peor a una u otra sociedad, simplemente, como se ha dicho, “la historia humana está entramada con sangre, pero ocurre que toda historia es específica, es única”[13]. Así, se revela también la imposibilidad de “la solución perfecta” y los procesos propuestos o a desarrollar no deben dejar de lado las condiciones culturales y políticas del contexto de acogida.

Luego, la idea de “Post-Conflicto” merece también una reflexión particular.

El “Acuerdo de PAZ” que esperan lograr el gobierno de Colombia y las FARC, en el “Diálogo” en La Habana, puede ser la contratara de lo que Daniel Barenboim observa del conflicto palestino-israelí, cuando dice: “nadie está pensando en el mañana  […] los niños están creciendo en el dolor y el odio, ¿cuánto tardarán estos niños en empuñar un arma, en sumarse a la violencia?”  En cualquier caso, el proceso de Diálogo y el Acuerdo que pueda lograrse en La Habana, no es aún el Acuerdo de Paz de los colombianos en su conjunto. Así, éste puede tomarse como una “ventana de oportunidad”, esto es, no como un punto de llegada, sino como un nuevo punto de partida, hacia un mañana distinto, un mañana mejor… Este propósito conlleva o involucra procesos que son necesariamente conflictivos… Como formula Gianni Váttimo en su clase de despedida como profesor de la Universidad de Turín, cuyo título tomo a modo de metáfora para esta presentación, se debe eludir el pensamiento único, que sustenta o por el que se apela a la violencia, para situarnos o encontrarnos con/ante el conflicto.

Así, ¿en dónde  trazar la línea que indica el pasaje del conflicto al post-conflicto?, ¿en un cambio de la intensidad?, ¿en un cambio de cualidad?, ¿en el momento que se inicia un tipo específico de intervención? Tal vez parezca sólo una cuestión semántica pero, si el cómo miramos el conflicto hace al cómo intervenimos, es preciso entender el ciclo del conflicto, como un proceso que no concluye  -puede finalizar la guerra, pero no el conflicto, señala Holbein Giraldo Paredes-[14] si no se transforman las condiciones que propiciaron su emergencia. El mismo doctor Libardo Orejuela Díaz, rector de la universidad sede de la Cumbre, y otros conferencistas de inestimable nivel académico (ciencias sociales, ciencias políticas, filosofía, ente otras disciplinas), enfatizaron la idea de que el Acuerdo, de firmarse, los situaba en un escenario de post-guerra, pero de ningún modo de post-conflicto. Así, podríamos considerar el término post-conflicto como más adecuado a situaciones de catástrofes naturales o episodios excepcionales, y la idea de transformación para la cual se disponen instrumentos o dispositivos para abordar conflictos cuyas condiciones estructurales, históricas y sociales, han hecho posible, inciden o configuran su emergencia y su persistencia.

De la violencia al diálogo, y del diálogo al conflicto, como propone Váttimo, son los primeros pasos o momentos de una transformación.

Esta formulación, sin duda se distingue en un campo que insiste y persiste en trabajar desde la idea casi contraria, “del conflicto al diálogo”, desde una perspectiva tan pobre como ineficaz, más aún cuando se propone “trabajar desde las coincidencias y no desde las diferencias”,  en el marco de la cual,  podemos decir que se conforman espacios espectrales de ciudadanía.

Por el contrario, desde la fórmula en clave de Vattimo, se puede iniciar un proceso de reconstitución del tejido social, de educación en el respeto y el reconocimiento del Otro, de construcción de “la cosa común” como condiciones de posibilidad para la Paz. Se asume así,  “[…] la tensión entre el hecho de que la cosa pública -eso quiere decir res publica– es una cosa común, una cosa de todos, y la verificación de que esa cosa de todos es una cosa conflictiva” (Eduardo Rinesi). Desde esta perspectiva, el diálogo como espacio de construcción, es en el que emerge el conflicto, puede eludirse el pensamiento único propio de escenarios de violencia. El diálogo es, también, un espacio necesariamente conflictivo.

Por último, tal como señala y describe el mismo Holbein Giraldo Paredes: ¿cómo pensar en un estadio de post-conflicto si subsisten las condiciones sociales, políticas, culturales, que lo propiciaron y configuraron?”.  “Rodrigo D NO Futuro”, “el pelaiíto que no duró nada” o el “No nacimos pa’ semilla”, narrativas emblemáticas –del cine, del ensayo- del escenario colombiano, pero que refieren a realidades que están presentes en nuestra región en general y empiezan a insinuarse de forma crítica y preocupante en la Argentina, representan la escala del desafío.

Se trata, entonces, de revisar, ampliar o complejizar los instrumentos de construcción de ciudadanía y de prevención-gestión-transformación de conflictos, porque las cosas a determinar son pocas, pero no pueden estar equivocadas…

NOSOTROS

Una imagen de un graffitero llamado Banksy, sintetiza un modo de pensar la gestión de conflictos sociales urbanos territoriales: un manifestante -ícono del tiempo actual- lanzando un ramo de flores.[15] Esta cita refiere a que  no se trata de  acallar o diluir las demandas sociales, sostener la injusticia social urbana, o de intervenciones orientadas a mantener el statu quo (cada uno en su lugar, geográfico, social, simbólico) sino la necesidad de abrir canales, crear espacios en los que estas demandas, en particular aquellas que se plantean en condiciones de fuerte asimetría (poder, recursos económicos, legitimidad social o cultural), puedan ser formuladas. Desde allí, se trata de encontrar caminos, procesos de respuesta o un nuevo orden de las palabras y las cosas.

Este propósito requiere de un abordaje integral y estratégico, en sus distintas dimensiones política, social, urbana, territorial y cultural.

Estos procesos se configuran no por el apego a un plan o idea inicial -siempre un tanto ideal o abstracto- sino por  “contribuciones acumulativas estratégicas”[16] que, en su conjunto, producen un impacto significativo. Solo con esfuerzos articulados, coordinados y sostenidos, que conjuguen políticas de Estado, involucramiento ciudadano y la voluntad de un cambio social y cultural, podrían, a mediano y a largo plazo, reconfigurar una sociedad ciudad equitativa, pluralista e integradora.

En estos años, distintos intentos y esfuerzos en configurar líneas de pensamiento o planes de acción en la región, dan muestras de la diversidad de fórmulas ensayadas y de resultados positivos, insuficientes, fallidos, esperanzadores.

Los programas pueden pensarse así como una contribución “fundante”, puesto que no “concluyen”” sino que “abren” un camino, que requiere de un “debatir” para un “por-venir” societal. En este proceso, se pueden encontrar las señales para volver a encontrarnos como sociedad en la Ciudad: una sociedad diversa y ensamblada, una ciudad equitativa e integrada, fundada en el Derecho a la Ciudad para todos y todas.


 

[1]     Oscar Arias Sánchez, ex presidente de Costa Rica en dos períodos de gobierno (19861990 y 20062010) y  Premio Nobel de la Paz  (1987), por su participación en los procesos de paz por  los conflictos armados de América Central de los años ochenta,

[2]     V. Eugenia Zamora Chavarría Ana Yancy Espinoza Quirós “La cara de la violencia urbana en América Central”, Coordinación del Proyecto:, Fundación Arias, 2006.

[3]     V. Eugenia Zamora Chavarría, Ana Yancy Espinoza Quirós, 2006.

[4]     Berger, John: “Con la esperanza entre los dientes”. Buenos Aires, Alafaguara, 2010

[5]     Nos Otros”,  Dirección: Daniel Raichijk, https://www.youtube.com/watch?v=uoDRjr34DmY.

[6]   V. Chausovsky, Gabriel, especialista en Derechos Humanos y Migración… uno de los pocos jueces del país en declarar la inconstitucionalidad de las leyes Obediencia Debida y Punto Final. “El derecho a migrar, entrar, salir, trasladarse es un derecho, una atribución del ser humano que le pertenece, que nadie se la da… un indocumentado es cualquier persona que no tiene documento….  no hace falta ser extranjero para ser un indocumentado, de hecho muchos extranjeros están documentados porque tienen sólo su pasaporte”. La Mañana de Neuquén, 16-11-09

[7]     Las líneas que siguen han sido tomadas -y adecuadas para esta presentación- de: Carbajal, Liliana María: Saliendo del Laberinto: Post-Conflicto o Transformación de Conflictos Sociales Urbanos Territoriales”. 3° Cumbre Nacional por la Paz, Cali, Colombia, 2014. (en prensa)

[8]          http://cumbreporlapaz.blogspot.com.ar/2014/11/declaracion-politica-de-la-tercera.html

[9]         Hilb, Claudia- Salazar Philippe-Joseph- Martín Lucas C.  (editores) :“Lesa Humanidad.  Argentina y Sudáfrica: reflexiones después del MAL”, Katz Editores, 2014.

[10]    Cabe aclarar que la expresión “los iremos a buscar” refería exclusivamente a “llevarlos ante la justicia”… En este sentido, es destacable que, aún cuando se promulgaron leyes que favorecían a los perpetradores y se concedieron indultos que eximieron a los que habían sido juzgados y condenados, no hubo ningún caso de venganza por parte de las víctimas, familiares de las víctimas o quienes simplemente padecimos la dictadura y nos solidarizamos con las víctimas. Sí hubo al menos un desaparecido: víctima/testigo Julio López, en el tiempo que se suscitaba uno de los juicios a sus perpetradores, veinte y tantos años después…

[11]    Hilb, Claudia- Salazar Philippe-Joseph- Martín Lucas C. 2014.

[12]    Hilb, Claudia- Salazar Philippe-Joseph- Martín Lucas C. 2014.

[13]    Terán, Oscar: “Historia, memoria”, en Tradición y Renovación en las Ciencias Sociales y Humanas. Acerca de los problemas del Estado, la sociedad y la economía, Noemí Girbal-Blacha (coord.), Universidad Nacional de Quilmes, 2004

[14]    Giraldo Paredes, Holbein: “Las tareas más importantes para alcanzar una paz perdurable en Colombia.”  Revista Cuadernos de Paz, Vo- 1, N° 1, enero-abril 2014. Universidad Libre, Secc. Cali, Colombia.

[15]    http://www.recreoviral.com/wp-content/uploads/2014/05/bansky-01.jpg

[16]    Esta es una expresión del entonces Ministro de Autonomías del Estado Plurinacional de Bolivia, a propósito del proceso de transformación política, social, cultural de este país. Nató, Alejandro  (consultor) – Carbajal, Liliana, Bolivia 2013.

 

13 comments to “DE LA VIOLENCIA AL DIÁLOGO, DEL DIÁLOGO AL CONFLICTO. OTRO MODO DE ALCANZAR LA PAZ”

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  1. Maria Eugenia Biain says: 12 mayo, 2015 at 8:46 am

    Hola Liliana, siempre es un gusto leerte o escucharte. Recuerdo una intervención tuya, creo que por aquí, acerca de la construcción de muros físicos, muros que separan. Estuve viendo el documental y está muy interesante. Hay palabras o frases hechas con las cuales se culpabiliza a los inmigrantes de utilizar recursos que debían ser sólo para los nacionales. Y es que la globalización también cuestiona esta idea de las fronteras. Y creo que debería devolvernos la cara de las personas, como “legítimos otros” tal como nos enseñó Maturana. El gran desafío es qué podemos hacer nosotros mientras se implementan políticas públicas. Sería interesante escuchar otras voces que puedan sumar ideas. Abrazo desde Córdoba, Argentina, Mariú

     
  2. Cristian Ariel Poetto says: 13 mayo, 2015 at 12:56 pm

    Muy movilizador el trabajo de Liliana. Me quedan resonando varios puntos de sus reflexiones y pienso que ante cuestiones que muchas veces a primera vista me pueden resultar lejanas, yo también tengo que hacerme cargo, yo también tengo el deber de preguntarme qué puedo hacer. El tema de la violencia no resuelve exclusivamente en los lugares en donde se manifiesta y estar lejos geográficamente de un lugar de conflicto no nos exime de sentirnos interpelados y cuestionados acerca de nuestro rol en esas situaciones. Cuánto podemos hacer cotidianamente en nuestras familias, en nuestras escuelas, en nuestros trabajos; no sería conveniente subestimar el poder de múltiples posibles intervenciones al respecto, sin correr el riesgo de perder una gran oportunidad de colaborar en la construcción de la Paz. Eludir el pensamiento único, abrir espacios de diálogo, asumir, valorar y trabajar con las diferencias, no tener miedo de encontrarnos con el conflicto y aceptar que el diálogo es conflictivo; superar la idea de resolver el conflicto por la de transformar personas, y tomar al acuerdo sólo como punto de partida. Pensándolo bien, todos estos temas ya me resultan mucho más cercanos!

     
  3. Andres Vazquez says: 13 mayo, 2015 at 2:33 pm

    La noción de paz positiva que subyace en la brillante exposición de Liliana, entendida como un proceso encaminado a reducir las diferentes formas de violencia, tanto directa, como estructural o cultural, orientada hacia el desarrollo de una nueva cultura de paz, en línea con la Declaración sobre la Cultura de Paz exige, dentro del cambio de paradigma que la mediación promueve explícitamente, la reconciliación de todos los implicados en el conflicto.(2) Y es aquí donde, a mi parecer, se quiebran muchas de las iniciativas de la praxis internacional, tanto en lo que respecta a la prevención, como al mantenimiento de la paz.

    Es un hecho constatado que el cincuenta por ciento de los conflictos violentos, particularmente los armados, se reavivan en menos de cinco años a pesar de que se haya alcanzado un acuerdo de paz. En realidad, muchos conflictos no son más que rebrotes de problemas crónicos, sistémicos. Es también una realidad que los desequilibrios socioeconómicos que se manifiestan en las tendencias globales apuntan a una tendencia: el incremento potencial de los conflictos en el futuro.

    La mediación ya no puede ser patrimonio en exclusiva de operadores externos, en escenarios de alto nivel, de track uno. El auxilio de mediadores locales es imprescindible para complementar actuaciones sobre el terreno y ampliar horizontalmente los resultados de las mediaciones verticales. Conciliar estos aspectos con la legítima demanda de diversos actores de la sociedad civil, en muchas ocasiones víctimas colaterales en el conflicto, es un imperativo y un desafío que, inevitablemente, habrá de configurar el proceso de mediación dotándolo de la necesaria flexibilidad para permitir la inclusión y participación ordenada de colectivos que hasta el momento han permanecido alejados y/o silenciados.

    Las personas mediadoras, en estos escenarios de conflicto, tienen que desenvolverse en entornos cada vez más complejos, confusos y transversales que requieren conocimientos más especializados y multidisciplinares; en definitiva se demanda la configuración de equipos de comediación híbridos y mixtos, más pegados al terreno, que puedan abordar horizontalmente mediaciones en trabajos de campo de más amplio espectro, que permitan una autentica legitimación de “abajo a arriba”. (3)

    Y es que la exigencia ética, como demanda ciudadana frente a la actual crisis de valores requiere acciones que promuevan líneas de convergencia en la resolución de conflictos, en todos los ámbitos, alejadas de la confrontación. Esta demanda social, expresada con mayor o menor acierto en sus formas, canalizada a través de procesos mediados, permitiría instruir a los participantes acerca de las mutuas necesidades y ofrecer un modelo para conciliar desavenencias futuras.

    (1) Declaración sobre la Cultura de Paz, Resolución 52/243, de 6 de octubre de 1999, de la Asamblea General de las Naciones Unidas. http://www.un.org/es/comun/docs/?symbol=A/RES/53/243

    (2) “Un proceso de paz no es “uno”: es muchos, es una infinidad de tramas, relatos, etapas no lineales, actores visibles y no visibles, plataformas de actores que se organizan para lograr articular un nuevo sistema de altísima complejidad. El proceso de paz no es un momento puntual, ni solamente el conjunto de etapas formales que plantea una hoja de ruta, sino que está constituido por muchos procesos en simultáneo que se dan en distintos niveles, espacios, contextos y con diversos actores.”
    Tapia, Graciela. Experiencias en el Proceso de paz en Colombia: roles de terceros. Revista La Trama, nº 44, 2015. http://goo.gl/IM5evx

    (3) “Una grave equivocación repetida en los escenarios de posconflicto y abandono de la violencia es la falta de un proceso de legitimación de ‘abajo a arriba’ que suponga una apropiación del mismo por parte de la ciudadanía implicada. Es el caso de acuerdos de paz firmados en la mesa de negociación, incluso con proceso constituyente en marcha, con gran despliegue mediático y gran cobertura internacional, que son rechazados electoralmente –como ocurrió en Guatemala–, o, incluso, que no logran una aceptación homogénea dentro de cada una de las filas de los contendientes y que provocan brotes de recrudecimiento de la violencia en escenarios de posconflicto, como ocurrió en el caso de Irlanda del Norte.” Palomares, Gustavo. Pedagogía de la paz y postconflicto. El Tiempo, 2014.
    http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/pedagogia-de-la-paz-y-postconflicto/13953815

     
  4. Liliana Maria Carbajal says: 14 mayo, 2015 at 12:59 pm

    Hola, les agradezco vuestros comentarios, por de demás estimulantes, terminada la chala les escribo unas líneas, saludos! ahora sólo quería ver alguna pregunta o alguna señal para poner el acento en la exposición… que desde luego las encontré…

     
  5. Paula Gimena Ramirez Yunes says: 14 mayo, 2015 at 2:30 pm

    Liliana, me ha movilizado mucho tu trabajo…realmente estoy convencida que la paz se puede construir y consensuar, disminuyendo y/ o aceptando diferencias, desde la base del respeto y la clara noción que lo diferente no debe porque ser lo opuesto. Desde allí trabajar en forma positiva…como diríamos en mediación, teniendo conocimiento de lo que ha pasado pero mirando y pensando en el futuro. Entendiendo que las diferencias hacen a nuevas, distintas y creativas ideas.
    Saludos, y felicitaciones.

     
  6. Liliana Maria Carbajal says: 14 mayo, 2015 at 5:25 pm

    Hola a tod@s, lamento profundamente el inconveniente técnico, por el cual no pude, aún con el esfuerzo del equipo técnico del e-marc, compartir con ustedes esta charla… El trabajo podrán leerlo, pero no quiero resignar un contacto más informal y algunos comentarios alredor de los intercambios de estos días…
    El año pasado en una playa de Cartagena una señora española se sacaba una foto con un chico negro que vendía pulseras… Pensé, no lo quieren en su país pero aquí le resulta “pintoresco”… otros en una lancha hacia una isla, aprovechaban una parada en un muelle, para un juego perverso, les tiraban monedas al aire para que los niños negros buceen para hacerse de ellas, los niños, algunos muy pequeños, gritaban: no la tire señora no la tire!!!, pero la señora o los jóvenes del turismo global se permitían divertirse humillando otra vez al niño, mientras casi todos los pasajeros de la lancha se reían, qué estamos haciendo? les pregunté?, no les gustó, arrancó la lancha, iban a hacer snorker…

    Como dice Hans Georg-Gadamer al referirse a la “conversación”, y esto es un congreso, una conversación múltiple… “ésta no depende de la voluntad o el destino al que se propone llegar uno u otro interlocutor si no que es mucho más correcto decir que vamos a parar a una conversación o, incluso, que nos enredamos en una conversación”, así a propósito de la figura “INMIGRANTE INDOCUMENTADO” necesito decir algunas cosas más…
    La figura, en el sentido estricto, refiere a personas que no poseen documento de identidad…las personas no son “indocumentadas” tienen algún documento de su país de origen, sólo que a veces no lo llevan consigo para no ser deportados tan fácilmente… si pudieran ingresar libremente por la aduana, tendrían su pasaporte consigo… pero en general, el término se utiliza de otro modo, ayer se señalaba que indocumentado es quien no tiene documento del país de residencia…pero no es así, tengo una casa en Uruguay, he trabajado allí con documento argentino, NUNCA me han dicho indocumentada… qué quiere decir entonces esta figura? hemos mantenido un intercambio con Alberto, respecto de esto, y si bien él lo consideró OTRO punto de vista, en mi opinión, y la de muchos otros, en esto no se trata de puntos de vista, se trata, simplemente, de un término fallido…. Si nos referimos a personas que están en una “situación de residencia irregular” según los requisitos de un país, digamos -entonces- en situación de “residencia irregular”… y -remarco- “en situación de”, esto quiere decir que esta persona puede corregir la situación… es sólo un tema administrativo… y la persona no es sólo eso… esta figura en cambio, lo esencializa, lo define por su carencia, que es SOLO UN PAPEL … en la discusión de la ley de Mediación (argentina) Gladys Alvarez proponía la figura de mediadores NO-abogados… y yo decía que es casi una traición a la mediación asignar una identidad por lo que no se ES, por lo que NO se TIENE … soy mujer, no NO-hombre, soy arquitecta no NO-abogada, soy argentina no NO-española… tengo un documento argentino, no soy INDOCUMENTADA en Uruguay…

    Pero el punto más relevante, es que la figura de “inmigrante indocumentado” en su uso cotidiano, generalmente está referida a inmigrantes pobres o de ciertos países, dudo que esta figura se aplique en la argentina a alguien que tiene un pasaporte francés, o de USA o incluso español… quienes trabajan alrededor de los DDHH, y, en este marco, el derecho/los derechos del migrante… señalan que esta figura, además de inexacta, suele operar, como dice el trabajo, como dispositivo exclusor o discriminador y puede ser un paso a la xenofobia….

    Hace unos años hice un trabajo titulado “La Actitud del Mediador u Operador de Conflictos. Valores y propósitos de una práctica” (2° premio concurso UNTREF) En esta suerte de ensayo decía que la Actitud es lo que define nuestro trabajo, esta se funda en el respeto y el reconocimiento hacia el OTRO, nuestra relación con el OTRO…

    Creo entonces que quienes trabajamos en este campo debemos reflexionar en cuanto a nuestros modos de observar, de nombrar, de decir, de clasificar…. por que si no, lejos de contribuir a prevenir o superar la violencia podemos contribuir a reproducirla…

    Así, esto es, tal vez, lo más importante que tenía para decirles, en este tiempo breve. Se trata, entonces, de problematizar los términos de partida, nuestras claves ideológicas, conceptuales y metodológicas, y. desde allí, delinear procesos orientados a la construcción de un mundo más humano que, al decir de John Berger, “no sabemos si es posible, pero sí que es necesario…”
    GRACIAS x vuestros comentarios !!!

     
    • Maria Victoria Marun says: 15 mayo, 2015 at 10:30 am

      Maravilloso trabajo Liliana. Gracias por compartirlo permitiéndonos valiosos avances en nuestro camino de acceder a más conocimiento. Destaco tus comentarios de la fórmula de Váttimo: “De la violencia al diálogo, del diálogo al conflicto”, y no al revés. Con este sencillo postulado podemos emplazar al conflicto como una oportunidad de aprendizaje… iniciando un proceso de reconstitución del tejido social, de educación en el respeto y el reconocimiento del Otro, de construcción de “la cosa común”….Gracias

       
  7. Haydee Ester Silveyra says: 15 mayo, 2015 at 2:47 pm

    Querida Liliana tu trabajo es magnífico!!, la manera de expresar tus pensamientos no solo son fundados sino fundantes para un mundo de numerosos y repentinos cambios, que se hacen presentes en esta compleja temática. Necesitamos repensar dispositivos y herramientas innovadoras que resulten de utilidad para este presente y cambiar la manera de cambiar, para crear pensamientos positivos y para ayudar a crear nuevas posibilidades de ver rescatando
    lo valioso y significativo de las personas, sucesos y cosas, sobre lo mejor de lo que hay, para ayudar a crear lo que mas se quiere vivir. Cordiales y afectuosos saludos

     
  8. Maria Estela Palumbo says: 15 mayo, 2015 at 9:40 pm

    Hola Liliana , como siempre , es muy bueno leer tus ponencias y escritos , lo que nos deja reflexionando y ver donde debemos profundizar o cambiar ciertas posturas , actitudes y me permito decir como Embajadora de La Paz .
    Que la Cultura de Paz la construimos entre todos desde el lugar en donde estamos ,colaborando , uniendo , proyectando , dialogando , acompañando al otro y esto también como Mediadores es nuestro trabajo , escuchar , respetar , como bien decían una notas atrás , también los invito a leer la declaración de la ,(1) Declaración sobre la Cultura de Paz, Resolución 52/243, de 6 de octubre de 1999, de la Asamblea General de las Naciones Unidas. http://www.un.org/es/comun/docs/?symbol=A/RES/53/243 y contribuir con la Construcción de la Cultura de Paz y No Violencia para todos los niños /niñas del mundo , en el marco del acuerdo firmado con UNESCO . UN Abrazo

     
  9. Eduardo Andres Sandoval Forero says: 15 mayo, 2015 at 10:40 pm

    Muchas gracias Liliana por sus enseñanzas en ese “circuito” de las violencias, diálogos, y paz.
    Gracias Elena Cristina por tu comentario.
    La categoría de “indocumentados” se discute mucho entre los estudiosos de las migraciones y entre los mismos migrantes. En el Foro Social Mundial en Sao Pablo, el manifiesto y la consigna de los que trabajamos el tema de la migración fue el de: “En este mundo, ningún ser humano es ilegal”. Hace referencia directa al calificativo político y policiaco de “migrante ilegal”.
    La categoría de indocumentado se aplica es el el país de destino, donde se encuentra el inmigrante, no en su país de origen, donde puede tener todos los papeles y títulos que le otorga su condición de ciudadano originario.
    Yo viví seis años en calidad de “indocumentado” en Estados Unidos y junto con muchos compañeros que estaban en las mismas condiciones, nos afecta demasiado en lo psicológico y en la vida cotidiana, que nos dijeran que eramos “ilegales”, o “clandestinos”. Estas dos categorías nos hacia pensar y sentir que estabamos fuera de la ley, que eramos infractores de la ley, eramos como dicen los gringos, “criminales”.
    Nuestro mayor deseo personal y grupal, era por estar “documentados”, por tener documentos que nos permitiera vivir sin la persecución de la policía migratoria.
    Nos sentíamos muy bien cuando nos decían, o cuando nosotros declarabamos que eramos “indocumentados”, que aún todavía no teníamos documentos. Siempre tuvimos la esperanza de tener algún día documentos de permanencia en el país receptor.
    Sin duda serán categorías que seguirán en discusión. En Europa también les dicen “los sin papeles”, además de “clandestinos”. Saludos, Eduardo.

     
    • Liliana Maria Carbajal says: 15 mayo, 2015 at 11:40 pm

      Eduardo, como se infiere de tu comentario la figura “indocumentado” es la que utilizan los países que no tienen una vocación receptora, y es un modo de establecer una categoría que asigna un dis-valor, … ofrecí argumentos, lamento no haber escuchado argumentos más allá de que es mejor que “ilegal” (lo cual no estaba en discusión, esa figura simplemente es aberrante, jurídicamente las personas no son ilegales, cometen o no delitos, desarrollan o no acciones delictivas) que es un modo de criminalizar al migrante…
      Las experiencias personales pueden ser diversas… pero referentes en DDHH y Derechos del Migrante en Buenos Aires desestiman esta figura por las razones que comenté. A los que consulté en particular, reaccionaron con asombro -algunos con disgusto- en cuanto a que un congreso convoque con esta figura, a la que consideran discriminatoria…
      Lamentablemente por problemas técnicos no tuve la oportunidad de exponer, intenté mostrar que algunas categorías “en su uso cotidiano se presentan como explicación de aquello que debe ser explicado” y que es preciso revisarlas. A Alberto en particular, se lo comenté antes del comienzo del congreso (también le envié unas líneas de un referente destacado).. Los comentarios que había recibido me revelaban que, más allá de mi opinión, el sostener esta figura no ayudaba a los propósitos del mismo… o al menos era ambigua…

       
  10. Liliana Maria Carbajal says: 15 mayo, 2015 at 11:45 pm

    Gracias a todos y todas, a los que comentaron y a los que no comentaron, a los que votaron y a los que no votaron, a los que están de acuerdo y a los que no están de acuerdo, a todos los que trabajan para transformar el Nos Otros en NOSOTROS (equitativo, diverso y ensamblado)… mis afectuosos saludos , liliana
    licarbajal@yahoo.com.ar

     
  11. Analia Reineri says: 17 mayo, 2015 at 3:16 pm

    La transformación de la dinámica social hace que surjan multiplicidad de conflictos de orden social, económico, comunitario . Conflictos entre vecinos, países o hasta continentes.
    Las complejidad tiene grados tan diversos que es difícil saber ¿Cuáles son las respuestas honestas a las preguntas honestas? Que señala la autora? Quiénes deben ofrecer esas respuesta: ¿los gobiernos, los estados, la comunidad?
    Creo que todos coincidimos en que transformar realidades sociales es una tarea del mediador: propiciando el diálogo social. Sin pretender que ese resultado genere concepciones únicas en las que todos estemos de acuerdo, sino con la convicción de que el encuentro de las diferencias sea una convergencia pacifica de miradas y necesidades diferentes.
    El tejido social es complejo. Pensar qué genera cohesión y qué sostiene lazos sociales e incorpora a los grupos excluidos es una tarea compleja. Entiendo que la mediación es una herramienta indiscutible para empezar a ofrecer respuestas: poder comunicarnos hace la diferencia.
    Como el resto de los actores sociales, los mediadores debemos ser agentes de cambio, agentes de más y mejor ciudadanía (en un sentido de participación y no de legalidades).
    El espacio de mediación en todos los niveles es un instrumento en el que los diversos grupos pueden gestionar sus conflictos. Enormes posibilidades de intercvenció aparecen cotidianamente en el espacio comunitario, allí donde se visualicen esos conflictos interculturales o sociales.
    La difusión de valores de diálogo y la posibilidad de abordar en conjunto con esos actores pactos de convivencia esperan nuestra participación. Potenciar y agenciar a los actores para ello, también es nuestra tarea.